Luis Felipe Lomelí

1.Callar es conservar.
1.1 Ser cómplice.
1.2 Aceptar el discurso hegemónico, el que se enuncia de forma intencional ("pásele, güerita", "zácate, pinche indio") o no ("Viva Mata-MOROS", "Qué playera tan razcuache").
1.3 Suscribir los neologismos, únicos, tan mexicanos y tan cargados de pretensión y de política: naco, charro, chairo, derechairo.
1.4  Callar es tener esperanza en que la sociedad, por sí sola —y nosotros ajenos, como ermitas, como piedras—, cambie, edulcore los peyorativos, siga el curso utópico de una historia utópica. Pero la historia carece de dirección (lástima, Hegel; lástima, Marx). Entonces:
2. Hablar es revolucionar.
2.1 Señalar un problema.
2.2 Someterlo a debate público.
2.3 Y esperar/esperanza que triunfe la razón.
2.4 O, mejor dicho, el corazón: la empatía.
2.5 Pero las revoluciones pasan, por lo general, por periodos más o menos caóticos y no necesariamente se cumple el optimismo de Santayana: no siempre los que estudian la historia carecen de la intención de repetirla.  Entonces,   
2.6  Hay quienes hablan para exacerbar la segregación, para aprovechar el debate y dar dos pasos adelante hacia el racismo (el EZLN, hace 20 años, puso sobre la mesa el tema, pero los resultados fueron menos halagüeños de lo que muchos esperábamos), hacia el racismo cotidiano, extra-legal, o hacia el racismo administrativo y jurídico: institucionalizar la diferencia.
Así,
3. Se puede hablar para bien y para mal (sí, me pongo moralista porque es un asunto moral: concibo lo bueno como aquello que tiende a fomentar la armonía entre el mayor número de personas posible por el mayor tiempo posible).
3.1 Hablar para señalar los abusos y buscar, con ello, su abolición y la reparación de los daños.
3.2 Hablar también para señalar aquello que ya hacemos, que ya hemos hecho, y que ha contribuido para tener una comunidad más armónica.
3.3 Contar, por ejemplo, nuestras biografías, nuestras genealogías sin omisiones, aceptarnos para aceptar al otro, al prójimo: mis ancestros Gómez eran judíos sefarditas que escapaban de la persecusión, mis ancestros Lomelí eran traficantes de esclavos, estoy casado con una mujer que tiene sangre negra e indígena y tenemos una hija... si pudiera viajar en el tiempo, les contaría a mis ancestros, a unos y a otros, lo maravilloso que es esto.